viernes, 22 de enero de 2010

El Gato con Botas

Había una vez un pobre molinero que antes de morir quiso repartir entre sus hijos lo poco que tenía. Entonces los llamó junto a su lecho y dijo al primero:”Esta casa es para tí, mi primogénito”. Y su hijo le agradeció. Se dirigió después al segundo y le dijo: “Para tí es el molino, mi buen hijo”. Y su hijo también le agradeció. Finalmente le llegó el turno al más jóven de los hermanos y su padre le dijo: “A tí, mi querido hijo, te dejo mi gato, cuida de él que de mucho te servirá”. Y, aunque menos convencido que sus hermanos, este hijo también le agradeció. Cuando hubo fallecido el padre, el hermano más joven se encontro sin techo y sin oficio y pensó en voz alta: “Que mala suerte la mía. Todo lo que tengo este pobre gato, y nisiquiera tengo lo suficiente para darle de comer”. Entonces para su sorpresa el gato le dijo con voz humana: “No te preocupes amo que sabré servirte bien.

Consígueme un par de botas y una bolsa y te prometo que tu suerte cambiará”.-Demasiado confundido como para discutir, el joven se hizo de aquello que le pedían y centrando en él todas sus esperanzas lo vió partir.-El gato se adentró en el bosque, fijó una trampa y esperó que una perdiz cayera en ella. Metió al animal en una bolsa y muy decidio se dirigió al castillo real. Al llegar gritó a viva voz: “¡Abrid paso al mensajero del marques de Carabá! Abrid paso” Y el rey, curioso al ver tan insólito espectáculo (convengamos que un gato parlanchín con botas cargando una bolsa no es algo que se vea todos los días), salió a su encuentro.

Postrándose a sus pies con una gran reverencia el gato se dirigió al rey diciendo: “Majestad, os traigo un presente de mi amo, el marqués de Carabá” Y así diciendo entregó la bolsa al rey quien nunca había oído hablar de ese marqués per divertido la aceptó. Al día siguiente se apareció de nuevo el gato ante el rey con otro regalo, y así a lo largo de varias semanas hasta que finalmente un día el soberano dijo: “Gato, realmente tengo muchos deseos de conocer a tu amo, el marqués de Carabá que tan generoso y atengo ha sido con migo”.- Y sin pensarlo dos veces el gato replicó: “Será un honor majestad si vos y vuestra hija deseáis reuniros con mi señor en su castillo mañana por la mañana. Solo debeís dirigir vuestro carruaje mañana por el camino del sur y nosotros saldremos a recibirlos”.

Muy contento el rey aceptó la invitación, y el gato corrió entonces a ver a su amo y le contó lo que había estado haciendo. El muchacho poco más se muere del espanto al oir las noticias y le dice: “Gato, ¿cómo voy a recibir yo al rey si no tengo más que harapos para vestir y no tengo más que una choza para vivir?” Pero el gato estaba muy tranquilo y le dijo con voz segura: “Ya me he ocupado yo de pensar todo eso, tu solo ocúpate de seguir mis instrucciones”.Al día siguiente gato y amo se dirigieron al camino sur donde debían recibir al rey, y cuando a lo lejos vieron la polvadera que levantaba la carroza real, el gato dijo a su amo: “Pronto, quítate la ropa y arrójate a aquel arroyo”.

jueves, 21 de enero de 2010

El Rey Menton

Había una vez, en un reino muy lejano, un rey que tenía una hija muy, pero muy hermosa que era también muy pero muy vanidosa. Como la jóven estaba ya en edad de contraer matrimonio, el rey organizó un gran banquete al que estaban invitados todos los jovenes nobles que desearan cortejar a la princesa.

Uno a uno los candidatos fueron desfilando frente a la muchacha, pero todos fueron rechazados, porque la pretenciosa joven podía ver solo sus defectos, sin importar cuántas atenciones tuviesen con ella. "Es usted demasiado bajo, príncipe"- decía la princesa a uno de los pretendientes. "Es usted demasiado gordo",-le decía a otro. "Pero que risa. ¿Yo casarme con usted?. Mire el tamaño de su barbilla. De ahora en más lo llamaré "Rey Mentón"-se burlaba la princesa del soberano que la cortejaba. Y así, no quedó ningún candidato que no hubiese sido despechado.El rey estaba furioso.

No podía creer la ingratitud de su hija ni lo despreciativa que había sido con todos los amables caballeros. Tan furioso estaba que cuando un juglar harapiento pasó por debajo de una de las ventanas de palacio, el rey se la ofreció por esposa. Y la orgullosa princesa, debió partir con el pobre músico, a vivir en su miserable choza. Una vez que se hubo instalado su marido le dijo: "Mujer, soy un hombre pobre y no podremos vivir solo con lo que yo gano.

Deberás ayudarme a ganarnos el pan buscándote un oficio. Mira, te he traído materiales para que construyas cestas de mimbre, te enseñaré a hacerlas y luego podremos venderlas en el mercado." Pero aunque la princesa estuvo todo el día trantando de armar las canastas hasta que sus dedos sangraron, no lo consiguió. Lo mismo ocurrió cuando su esposo le consiguió una rueca para hilar. "Es evidente que no tienes habilidad manual, le dijo, así que con nuestras últimas monedas compré estas vasijas de barro. Mañana de dejaré en el pueblo para que las vendas."

Y así lo hicieron, pero la princesa colocó sus recipientes en el camino y uno de los soldados del rey los pisó con su caballo cuando pasó por allí a todo galope. La princesa estaba descorazonada porque sabía que su marido se enojaría mucho con ella, y en efecto, cuando volvió a su casa éste le dijo: "Mujer, sabías que había usado todo nuestro dinero para comprar esas vasijas. Esta noche no podremos cenar. Sin embargo te daré una última oportunidad. El rey dará un banquete mañana en palacio y te he conseguido un puesto ayudando en la cocina. No te pagarán mucho pero llevarás unas ollitas en los bolsillos de tu delantal, de esa forma podrás guardar todos los restos de comida que te den en la cocina y traerlos a casa."

Así lo convinieron y al día siguiente la muchacha se presentó en palacio. Escondida tras una cortina pudo ver a las elegantes damas que con sus hermosos vestidos danzaban en el salón principal como alguna vez lo había hecho ella. Y sentado en el gran trono no estaba otro que el que ella llamó "Rey Mentón". Suspirando, la joven pensó cuán cruel sus burlas habían sido y lo arrepentida que estaba de haber maltratado así a todos los pretendientes que tan amables habían sido con ella. Ensimismada en estos pensamientos estaba cuando el rey advirtió su presencia y la hizo salir a la pista de baile con él. La princesa comenzó a danzar, pero las ollitas de su delantal cayeron derramando los restos de comida que llevaba consigo.

Avergonzada, corrió a esconderse pero el Rey Mentón fue tras de ella y le dijo: "No corras princesa. Quedate a vivir en palacio y sé mi reina" Pero la princesa replicó: "Majestad, yo ya tengo un esposo que me ha tratado muy bien. Debo volver a él". Pero el rey le dijo: "Yo soy tu esposo. Después de que me despreciaras aquella vez en el castillo de tu padre, volví disfrazado de juglar y conseguí tu mano con el solo propósito de darte una lección. Pero ahora ya no eres la joven vanidosa que me despreció." Y así diciendo, dió órdenes de que vistieran a la muchacha con los más hermosos vestidos. Una vez arreglada, volvió al salón de baile, para que todos conozcan a la nueva reina. Y es así que vivieron felices por siempre.

martes, 19 de enero de 2010

El Flautista de Hamelin

Hace mucho tiempo ya, en la ciudad alemana de Hamelin, una terrible invasión de ratas desesperaba a la población.

Los horribles roedores estaban por todas partes: en las alacenas, las cunas de los niños, paseando por las calles, en los establos, debajo y dentro de las camas, encima de los mostradores de los comercios. Como dije, estaban por todas partes.

Tan aterradora era la situación que el alcalde pregonó por todo el país que aquél que pudiera deshacerse de las ratas, recibiría una enorme bolsa llena de monedas de oro. Pero, por muy tentadora que fuera la propuesta, nadie conseguía sacar a los invasores de la ciudad.

Fue entonces cuando se presentó ante el alcalde un personaje inusual. Alto, delgado, vestido con brillantes colores y un punteagudo sombrero adornado con una pluma, era el flautista que tenía ante sí, el ilustre jefe de estado.

¿Cómo piensa usted - dijo el alcalde al flautista- eliminar a las ratas?. El flautista sonriendo contestó: -No se preocupe señor alcalde. Usted tenga lista mi recompensa porque antes del final del día Hamelin estará libre de roedores. Y así diciendo se encaminó a la plaza principal de la ciudad. Midió el viento y luego, acercándose la flauta a los labios, comenzó a soplar.

Al oir la música que emanaba el instrumento mágico todas las ratas de la ciudad dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se congregaron en torno al flautista. Cuando las hubo juntado a todas, comenzó a caminar, siempre tocando la misma melodía, y las ratas, como se imaginarán, lo seguían frenéticas. Así las guió el flautista hasta el borde de un precipicio donde, encantadas por el sonido de la música, las ratas se lanzaron y desaparecieron para siempre.

Cumplida su tarea, el flautista regresó a Hamelin para cobrar el pago prometido, pero para su sorpresa se encontró las puertas de acceso cerradas. Golpeó y golpeó diciendo: "Habitantes de Hamelin, déjenme entrar, soy yo, el flautista que los ha liberado".- Pero desde adentro solo se oyó la voz del alcalde que decía:-"Bien, flautista, has cumplido tu palabra, la ciudad te está muy agradecida. Ahora puedes marchar"- Pero el flautista, que ya estaba empezando a enojarse, replicó: "¿No está olvidando mi recompensa señor alcalde?"- "¿Recompensa? ¿Qué recompensa flautista? Yo nunca te prometí nada."

Entonces el músico, ya furioso gritó para que lo escuche toda la ciudad: "Les advierto, ciudadanos de Hamelin, que si no cumplen su promesa, antes del final del día, esta se convertirá en la ciudad más triste del mundo".- Pero en lugar de oir la advertencia el alcalde dijo en son de burla: "¿Y cómo piensas hacer eso? ¿Acaso tocarás melodías tristes con tu pobre flauta esperando que alguien se compadezca de tí?" Y la ciudad entera rió de la ocurrencia del funcionario, e imprudentemente ignoraron los reclamos del flautista.

Entonces, tomando su flauta una vez más, el mágico músico comenzó a tocar la melodía más dulce del mundo, que encantó a todos los niños de la ciudad inmediatamente. Jubilosos, dejaron sus juegos, quehaceres, meriendas, y aún los más pequeños bebés salieron de sus cunas al encuentro del flautista, saltanto y cantando al son de su música. Solo un niño cojo y huérfano, quedó rezagado y no logró alcanzarlos a tiempo cuando, guiados por el flautista llegaron al pie de una montaña.

Entonces, con un ademán, la montaña se abrió para ellos revelando un mundo mágico de dulces, juegos y felicidad eterna. Todos entraron y la montaña se cerró, para no abrirse nunca más, dejando atrás al pobre niño que con sus muletas, no había podido correr a la par de los demás.

Como el flautista había predicho, Hamelin se convirtió entonces en la ciudad más triste del mundo, donde todas las madres y padres lloraron la pérdida de sus hijos y se turnaron en la crianza del único niño que no pudo partir.

Quizás algún día, cuando los corazones de los hombres se vuelvan puros como los de los niños y pierdan su avaricia y traición, la montaña se vuelva a abrir.

domingo, 17 de enero de 2010

Hermanito y Hermanita

Hace mucho tiempo ya, un niño tomó de la mano a su hermana y le dijo: "Desde que nuestra madre murió no hemos tenido un solo día de felicidad. Nuestra nueva madrastra nos maltrata y nos da de comer las sobras del pan viejo que nadie más quiere. Dejemos juntos esta casa y vaguemos por el bosque para buscar una nueva fortuna.".

Así vagaron durante mucho, mucho tiempo, adentrándose en lo más profundo del bosque hasta que cayeron rendidos al pie de un árbol, cansados, y sin haber podido comer nada. El niño dijo a su hermana: "¡Estoy tan sediento! Creo que oigo a lo lejos un arroyo. Vayamos hacia él."

Sin embargo, lo que ellos desconocían eran que su madrastra era una malvada bruja, que enterada de sus planes, había encantado todas las fuentes de agua del bosque. Por eso cuando se acercaron al arroyo el niño se disponía a beber pero su hermana oyó el agua que saltaba de piedra en piedra cantando: Bebe de mí y te convertirás en un tigre. Alarmada la joven gritó: "Hermanito, no bebas de esa agua porque te convertirás en un tigre y me despedazarás." Así que siguieron camito hasta que se encontraron con otro arroyo. El niño se disponía a beber pero su hermana oyó el agua que saltaba de piedra en piedra cantando: Bebe de mí y te convertirás en un lobo. La joven le advirtió: "Hermanito, no bebas de esa agua porque te convertirás en un lobo y me comerás."

Retomaron la marcha y nuevamente llegaron a un curso de agua donde la jóven escuchó al agua cantar: Bebe de mí y te convertirás en un cervatillo. La muchacha dijo a su hermano: "No bebas. Te convertirás en un cervatillo y huirás lejos de mí." Pero el niño, sediento, ya se había arrodillado sobre el curso de agua y había comenzado a beber. Instantáneamente, y como el agua había predicho, se convirtió en un grácil cervatillo. Su hermana, tomó de su vestido su hermoso lazo dorado e hizo un collar alrededor del cuello del animalillo diciéndole: "No te preocupes, yo siempre te cuidaré". Tristemente retomaron la marcha hasta que llegaron a un cabaña abandonada. La joven buscó en el bosque algo de musgo para hacerle a su hermanito un confortable colchón, colocando su cabeza sobre su lomo como si fuera una almohada. Y así pasaron la noche. Cuando llegó la mañana, buscó algunas bayas y nueces para ella y el pasto más tierno para su hermano. Hubieran sido muy felices si tan solo el niño hubiese podido recobrar su forma humana.

Pero resulta que un día, el rey del país organizó una partida de caza y en todo el bosque resonaron los cuernos de los cazadores, el estruendo de los caballos, los gritos de los hombres y los aullidos de los sabuesos. Al oir este alboroto el cervatillo dijo a su hermana: "No puedo resistirlo, yo debo ir también a la cacería" Y viendo que no podría disuadirlo la joven le dijo: "De acuerdo, ve. Pero cuidate de volver antes del anochecer. Yo me encerraré en la cabaña por temor a los cazadores, así que cuando vuelvas golpea la puerta y dí: Hermanita, déjame entrar, y yo te abriré." Ni bien hubo dicho esto el cervatillo partió. Enseguida los cazadores se percataron del hermoso animal con el lazo dorado en su cuello.

Lo persiguieron durante todo el día, pero tan rápido y grácil era, que no pudieron darle alcance. Cuando comenzó a anochecer el hermanito retornó a la cabaña y golpeando la puerta dijo: "Hermanita, por favor, déjame entrar." Lo mismo ocurrió al día siguiente cuando una vez más el cervatillo partió en busca de los cazadores, aunque esta vez una de las flechas que le lanzaron lo alcanzó en una pata, y con mayor dificultad llegó a la cabaña. Aunque él no lo sabía, aún uno de los cazadores lo perseguía sigilosamente, y sorprendido lo vió llegar a la cabaña y decir: "Hermanita, déjame entrar", para refugiarse en su interior. Y corriendo volvió junto al rey para contarle lo acontecido.
Mientras tanto, en la cabaña, la muchacha curó con hierbas la herida de su hermano, y por la mañana éste ya se había recobrado por completo. Esta vez, cuando el cervatillo quiso partir, preocupada por lo sucedido el día anterior, la hermana le suplicó que no fuera, pero sus ruegos fueron inútiles, porque el animalito no podía resistir su naturaleza. Sin embargo, lo que ambos ignoraban era que intrigado por lo que su cazador le había contado, el rey había dado órdenes de que se siga al cervatillo del lazo dorado pero sin hacerle daño.

Así llegaron a la cabaña pero esta vez fue el propio rey el que golpeó a la puerta y dijo: "Hermanita, déjame entrar". La puerta se abrió y precipitadamente el monarca se introdujo en su interior. La jóven miró asustada a este hombre desconocido que tenía ante sí, pero el rey, prendado inmediatamente de su hermosura, la tomó dulcemente de la mano y le dijo: "Hermosa doncella, ¿no quieres venir conmigo a mi castillo y convertirte en mi reina?" La jóven accedió en tanto le permitieran llevar con ella al cervatillo, lo que así se hizo. Y es así como una inmensa felicidad invadió la vida de los hermanitos, más aún cuando un año después, la jóven dió a luz un hermoso heredero mientras el rey estaba ausente de cacería.

De todo esto estaba enterada, gracias a sus brujerías, la malvada madrastra, que había pensado que los niños serían despedazados por las bestias del bosque. Así que aprovechando la ausencia del rey, se infiltró disfrazada como sirvienta en el castillo y entró en la habitación de la reina que aún se encontraba débil.

Tomándola la obligó a levantarse de la cama para tomar un baño. Pero en lugar de prepararle una tina caliente la encerró en una habitación llena de humo donde la pobre reina pronto se sofocó y murió. Entonces, hizo entrar a su horrible hija y la metió en la cama dándole la forma de la verdadera reina, aunque lo único que no pudo disimular con sus sortilegios era el ojo que faltaba en la cara de su hija. Cuando el rey regresó al castillo y se enteró de que había nacido su hijo quiso ver a su esposa, pero la bruja lo detuvo diciéndole que ésta aún muy débil y no debía recibir visitas.

Esa noche, en la habitación donde el principito y el cervatillo dormían, el fantasma de la reina entró en la habitación a la vista de una doncella que se había quedado allí para cuidar al bebé. Se acercó a su hijito y tomándolo en brazos lo acunó para depositarlo nuevamente en su cunita. Luego se acercó a su hermanito y acariciándolo en el lomo volvió a dejar la habitación diciendo:"Hoy he venido y dos noches más volveré". Lo mismo ocurrió la noche siguiente, pero esta vez la doncella oyó a la reina decir: "Hoy he venido, y una noche más volveré".

Entonces la niñera decidió contar al rey lo que había visto y oído y el rey mismo decidió que iría a cuidar al niño esa noche.Así, cuando la reina entró, después de haber acunado al niño y acariciado al cervatillo dijo: "Hoy he venido, pero ya no volveré".Entonces el rey, se acercó a ella y tomándola del brazo le dijo: "Tú eres mi verdadera esposa".-"Sí, lo soy", dijo la reina, y por arte de encantamiento volvió a la vida liberada.
Descubierto el engaño de la bruja y su hija, éstas fueron enjuiciadas y sentenciadas. La hija debió internarse en el bosque donde las bestias la deboraron. La bruja fue quemada, y cuando el viento se hubo llevado sus cenizas, el cervatillo recuperó su forma de niño.

viernes, 15 de enero de 2010

La Vieja madre Escarcha

Había una vez, una viuda, que tenía dos niñas. Una era hermosa, buena y hacendosa, pero la mujer la maltrataba y la sobrecargaba con pesadas tareas porque era hija solo de su difunto esposo. Su propia hija, en cambio era también muy hermosa pero de mal caracter y muy haragana. Sin embargo su madre la consentía y malcriaba en todo momento.

Un día la pobre hijastra de esa mujer estaba hilando junto al pozo de agua. Tanto había hilado ya, que tenía las manos terriblemente lastimadas. Al comenzar la sangre a brotar de las mismas, el huso se resbaló y cayó en la parte más profunda del pozo. Triste volvió a su casa y explicó a la madrastra lo ocurrido, pero ésta le dijo cruelmente: "Si has perdido el huso, entonces deberás lanzarte al pozo para recuperarlo". Y la muchacha, obediente, hizo lo que le ordenaban y se lanzó para rescatar el objeto perdido.

Sin embargo, no alcanzó el fondo oscuro como ella esperaba, sino que continuó cayendo y cayendo hasta que fue depositada con suavidad en otro reino.

Comenzó su búsqueda pero al poco de andar se topó con un hermoso árbol manzanero que le dijo: "Muchachita, ayúdame por favor, que mis manzanas ya están maduras y están doblando mis ramas". Entonces la jóven, sacudió el árbol hasta que la última manzana cayó al suelo. Y para no dejarlas desperdigadas, las apiló en un prolijo montón antes de continuar su camino.

Esta vez, pasó delante de un horno dentro del cual las hogazas de pan gritaban: "Muchachita, ayúdanos por favor, que ya estamos cocinadas y nos vamos a quemar". Entonces la niña las sacó una por una hasta que estuvieron a salvo.

Continuó su marcha hasta que llegó a una casita muy linda donde vió sentada en el umbral, a una horrible anciana con los dientes muy feos y grandes. Su primera reacción fue huir de allí pero luego pensó: "No debo prejuzgarla de ese modo. Realmente puede ser alguien muy amable". Y recuperando el coraje se acercó a la mujer con aspecto de bruja. Entonces la anciana, con una voz muy dulce le dijo: "Muchachita, si te quedas y me ayudas con mis quehaceres domésticos te recompensaré."

La niña aceptó contenta la propuesta, porque la anciana la trataba muy bien y pensó que realmente necesitaría su ayuda.

Limpiaba todo con mucha dedicación, cocinaba y especialmente ponía su atención en una tarea que la anciana le había encomendado con vehemencia: "Cuando hagas mi cama-le dijo a la niña- deberás estirar muy bien el edredón que la cubre, y sacudirlo hasta quitarle por completo todas las plumas que encuentres".

La niña hizo exactamente lo que le habían ordenado, y entonces entendió quien era esa extraña mujer.

No era sino la vieja Madre Escarcha, porque cuando sacudió las plumas de la cama, copos de nieve puros y blancos cayeron suavemente sobre la tierra, cubriéndola de invierno como estaba previsto.

Así vivió la niña durante varios meses, pero aunque había sido muy feliz, deseaba volver a su hogar, porque pese a los malos tratos, extrañaba a su madrastra y a su hermana.

Entonces fue a despedirse de la anciana, y ésta le dijo: "Me has sido fiel y has trabajado mucho. Cruza esa puerta que te lleva directo a tu hogar y cuando estés del otro lado recibirás tu paga".

La niña le dió las gracias y partió, pero cuando hubo cruzado la puerta, una lluvia de oro la cubrió por completo, convirtiéndola en una joven inmensamente rica. Al verla llegar así, el gallo de la casa cantó:

"Qui, qui ri quiiii, la doncella de oro ya está aquí"

Al ver esto, su codiciosa hermana decidió que ella también quería recibir esa recompensa, entonces se arrojó también al pozo y llegó junto al manzanero que gritaba: "Ayúdame, todas mis manzanas están maduras y doblan mis ramas".- "No es mi problema-dijo la egoísta niña-No quiero que una manzana caiga sobre mi cabeza, así que me mantendré alejada de tí".

Cosa similar ocurrió cuando se encontró junto al horno en el que el pan rogaba "Sácanos que ya estamos cocinados y nos vamos a quemar".-"No es mi problema-dijo una vez más-No quiero ensuciarme mi hermoso vestido".

Finalmente llegó junto a la anciana y le pidió que la tomara a su servicio. Esta accedió y le encomendó las mismas tareas que antes había hecho su hermana. El primer día trabajó bien, porque quería recibir su recompensa, pero ya al segundo dejó de limpiar, al tercero no cocinó para la anciana, y finalmente las plumas comenzaron a amontonarse sobre la cama evitando que la nieve llegue cuando era esperada.

Cansada entonces, la jóven dijo a la anciana que quería partir, a lo que ésta respondió: "Has sido haragana y has trabajado mal. Cruza esa puerta que te lleva directo a tu hogar, y cuando estés del otro lado recibirás tu paga".

Así la codiciosa jóven, sin volverse atrás cruzó corriendo la puerta, lista para recibir su oro, pero en su lugar, una lluvia de horrible y espesa brea la cubrió por completo. Al verla llegar así, el gallo de la casa cantó:

"Qui, qui ri quiii, la doncella de brea ya está aquí".

Y llena de vergüenza la haragana muchacha se escondió en su habitación y nunca más volvió a salir porque fue incapaz de lavar la sustancia que la cubría.

miércoles, 13 de enero de 2010

El Enano

Había una vez un hombre que era muy, pero muy mentiroso, que tenía una hija muy bonita y laboriosa que llevaba adelante el hogar. Un día, las historias de este hombre llegaron a oídos del propio rey que lo mandó llamar.

Sin amedrentarse frente a la presencia del soberano, el hombre le dijo: "¿Sabeis majestad que tengo una hija tan talentosa que es capaz de hilar la paja? ¡Y no solo eso! ¡También la convierte en oro!". El rey estaba tan maravillado que mandó llamar a la joven, pero aunque esta trató de explicarle que lo que había dicho su padre no era cierto, el rey sin escucharla la condujo a una de las torres de palacio donde había mandado llevar una parva de paja y un huso. Y seremoniosamente le dijo: "Deberás hilar esta paja y convertirla en oro. Si descubro que me han estado mintiendo, te cortaré la cabeza." En vano fue que la joven suplicara. El rey la encerró en la torre dejándola sola. La muchacha comenzó a llorar amargamente cuando escuchó una voz que el decía: "¿Qué te ocurre bella doncella?".

Ante la jóven se apareció de la nada un extraño enano que la miraba interrogador. Animada por la compañía le relató su desgracia. El enano la escuchó atentamente y luego le preguntó: "¿Qué cosa me regalas si la hilo y la transformo por tí?". Buscando en torno suyo algo de valor, la muchacha le contestó: "Te puedo dar mi collar". "Trato hecho"-dijo el enano, y se puso a trabajar enérgicamente. Por la mañana, cuando el rey acudió a la torre, vió satisfecho que la habitació se hallaba repleta de delicados hilos de oro. "Muy bien, le dijo a la joven". Como lo has hecho tan eficientemente, esta noche deberás hilar el doble de oro. Y nuevamente la dejó llorando en la torre.

Pero una vez más acudió a su llanto el enano que le dijo: "¿Qué cosa me regalas si la hilo y la trnasformo por tí?". "Te puedo dar mi anillo"-dijo la joven, y tomándolo, el enano trabajó toda la noche con afán. Al día siguiente el rey estaba maravillado. "Espléndido, dijo a la jóven. Esta noche deberás hilar la paja en oro una vez más. Pero si lo haces bien, no solo no te cortaré la cabeza, sino que me casaré contigo y te convertirás en mi reina". Pero por mucho que la joven intentó pasar la paja por el huso, no logró hilarla, ni mucho menos convertirla en oro. Cuando iba ya a desesperar, una vez más se apareció el enano y le dijo: "¿Qué cosa me regalas..?" Pero la muchacha lo interrumpió: "Lo siento enanito, pero ya no tengo nada que darte." "¿Nada de nada? Mmm eso es una lástima.

Te propongo algo. Yo trabajo una vez más para tí, pero cuando te cases y seas reina, deberás darme a tu primer hijo". Desesperada, la joven accedió, y cuando a la mañana siguiente el rey vió una vez más la habitación repleta de hebras doradas, se casó con la muchacha.
La pareja real fue muy feliz durante un año, y cuando pasado ese tiempo hubo nacido su primer hijo, la dicha se extendió por todo el reino. Tan feliz estaba la reina que olvidó por completo la promesa que le hiciera al enano. Sin embargo, éste no la había olvidado, y poco después del nacimiento, se apareció frente a la reina y le dijo: "Majestad, he venido a llevarme al niño". Desesperada, la reina comenzó a sollozar y a rogarle al enano que le permitiera conservar a su hijo.

Tanto pero tanto le rogó, que finalmente el enano le dijo: "Muy bien, podrás conservar al principito con una condición: en el lapso de tres días deberás adivinar cuál es mi nombre. Si lo haces me iré y no me volverás a ver. Sino, me quedaré con el niño." Sin demasiadas opciones, la reina accedió, y dedicó los días siguientes a recolectar por todo el reino nombre extraños. Cuando el primer día el enano acudió ante ella la reina le dijo: ¿Acaso te llamas: Totó, Ptolomeo, Ermenegildo, Eustaquio, Guarampino, Revientacaballos..?" Y así siguió leyendo una lista interminable de nombres, cada uno más extraño que el anterior. Pero a todos el enano negaba enérgicamente: "Lo siento, volveré mañana".

Lo mismo ocurrió al segundo día. Cuando al tercer día la reina estaba a punto de perder toda esperanza, uno de sus mensajeros llegó jadeante junto a ella y le dijo: "Majestad, ¡no sabeis lo que acabo de ver!". "Habla pronto"-dijo la reina. "Estaba buscando nombres como lo ordenaste cuando en un claro del bosque vi a ese extraño enano que ha estado visitando palacio. Danzaba en torno a una hoguera y canturreaba "Nadie lo sabe, nadie lo sabe, yo soy Rumpelstilzchen, yo soy Rumpelstilzchen". Feliz, la reina esperó la llegada del enano, y cuando éste la hubo interrogado por tercera vez, ella le contestó: "¡Tú te llamas Rumpelstilzchen!!". "¡Nooo!-Gritó furioso el enano-¿Quién te lo dijo? ¡El Diablo! ¿Cómo lo sabes? ¡No es posible!" Y tan furioso estaba que dió una patada tan tremenda en el piso, que partió al enano en dos.

jueves, 31 de diciembre de 2009

El niño que lo querie todo

Había una vez un niño que se llamaba Jorge, su madre María y el padre Juan. En el día de los Reyes Magos se pidió más de veinte cosas. Su madre le dijo: Pero tú comprendes que… mira te voy a decir que los Reyes Magos tienen camellos, no camiones, segundo, no te caben en tu habitación, y, tercero, mira otros niños… tú piensa en los otros niños, y no te enfades porque tienes que pedir menos.

El niño se enfadó y se fue a su habitación. Y dice su padre a María: Ay, se quiere pedir casi una tienda entera, y su habitación está llena de juguetes.
María dijo que sí con la cabeza. El niño dijo con la voz baja: Es verdad lo que ha dicho mamá, debo de hacerles caso, soy muy malo.

Llegó la hora de ir al colegio y dijo la profesora: Vamos a ver, Jorge, dinos cuántas cosas te has pedido.

Y dijo bajito: Veinticinco. La profesora se calló. Cuando terminó todos se fueron y la señorita le dijo a Jorge que no tenía que pedir tanto. Cuando sus padres se tuvieron que ir, Jorge cambió inmediatamente la carta, aunque se pidió quince cosas. Cuando llegaron sus padres les dijo que había quitado diez cosas de la lista. Los padres pensaron: Bueno, no está mal.
Y dijeron: ¿Y eso lo vas a compartir con tus amigos?

Jorge dijo: No, porque son míos y no los quiero compartir.

Se dieron cuenta de que no tenía ni Belén ni árbol de Navidad. Y fueron a una tienda, pero se habían agotado. Fueron a todas partes, pero nada. El niño mientras iba en el coche vio una estrella y rezó esto: Ya sé que no rezo mucho, perdón, pero quiero encontrar un Belén y un árbol de Navidad. De pronto, se les paró el coche, se bajaron, y se les apareció un ángel que dijo a Jorge: Has sido muy bueno en quitar cosas de la lista así que os daré el Belén y el árbol. Pasaron tres minutos y continuó el ángel: Miren en el maletero y veréis. Mientras el ángel se fue. Juan dijo: ¡Eh, muchas gracias! Pero, ¿qué pasa con el coche? Y dijo la madre: ¡Anda, si ya funciona! ¡Se ha encendido solo! Y el padre dio las gracias de nuevo.

Por fin llegó el día tan esperado, el día de los Reyes Magos. Cuando Jorge se levantó y fue a ver los regalos que le habían traído, se llevó una gran sorpresa. Le habían traído las veinticinco cosas de la lista. Enseguida, despertó a sus padres y les dijo que quería repartir sus juguetes con los niños más pobres.

Pasó una semana y el niño trajo a casa a muchos niños pobres. La madre de Jorge hizo el chocolate y pasteles para todos. Todos fueron muy felices. Y colorín, colorado, este cuento acabado.