Vivía en el bosque verde un conejito dulce, tierno y esponjoso. Siempre que veía algún animal del bosque, se burlaba de él. Un día estabada sentado a la sombra de un árbol, cuando se le acercó una ardilla. - Hola señor conejo. Y el conejo mirando hacia él le sacó la lengua y salió corriendo. Que maleducado, pensó la ardilla. De camino a su madriguera, se encontró con una cervatillo, que también quiso saludarle: - Buenos días señor conejo; y de nuevo el conejo sacó su lengua al cervatillo y se fue corriendo. Así una y otra vez a todos los animales del bosque que se iba encontrando en su camino. Un dia todos los animales decidieron darle un buena lección, y se pusieron de acuerdo para que cuando alguno de ellos viera al conejo, no le saludara. Harían como sino le vieran. Y así ocurrió. En los días siguientes todo el mundo ignoró al conejo. Nadie hablaba con él ni le saludaba. Un dia organizando una fiesta todos los animales del bosque, el conejo pudo escuchar el lugar donde se iba a celebrar y pensó en ir, aunque no le hubiesen invitado. Aquella tarde cuando todos los animales se divertían, apareció el conejo en medio de la fiesta. Todo hicieron como sino le veían. El conejo abrumado ante la falta de atención de sus compañeros decidió marcharse con las orejas bajas. Los animales, dandóles pena del pobre conejo, decidieron irle a buscar a su madriguera e invitarle a la fiesta. No sin antes hacerle prometer que nunca más haría burla a ninguno de los animales del bosque. El conejo muy contento, prometió no burlarse nunca más de sus amigos del bosque, y todos se divirtieron mucho en la fiesta y vivieron muy felices para siempre.
viernes, 23 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
La niña de los fósforos "cuento Xmas"
¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos. Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas. La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña. Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien! Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría. Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo. -Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios". Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante. -¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento! Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios. Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo. -¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien. Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.
martes, 20 de diciembre de 2011
El Koala y el Arco Iris "cuento australiano"
Ha estado lloviendo por días , semanas meses y años. El agua corre cerro abajo , formando arrollos y ríos que fluyen a través de las planicies, llenando los hoyos de agua. El agua sube imperceptiblemente, golpeando gentilmente a los pies de los cerros.
Como una profunda depresión llena de agua, crecieron en vastos océanos, las áreas de terrenos disminuidas y divididas en muchas islas. Grupos de animales y hombres eran divididos el uno del otro por redondeados mares. En una isla muy distante del continente que ahora es llamada Australia, donde los hombres eran muy diestros lanzadores del boomerang ellos podían partir una pequeña piedra en cientos de pedazos o más, echar por tierra al pájaro mas veloz en vuelo, y enviar sus boomerang tan lejos que se perdían de vista antes de volver a quien lo había tirado. Ellos gustaban de realizar competencias de habilidad en mostrar cuan lejos o cuan exacto ellos podían maniobrar sus armas. Entre ellos había uno que se destacaba por su fuerza y por su alarde. A menudo se le escuchaba decir:
- Si yo deseara podría lanzar mi boomerang desde acá a la isla mas distante de todas las islas. - Y si tú pudieras hacer eso, como podrías saber si has tenido éxito?, preguntó uno de los hombres menos creyentes. - La respuesta es simple, respondió el hombre fornido. ¿Que sucede cuando se lanza el boomerang? Regresa a quien lo lanzó por supuesto. - Que sucede si el boomerang golpea un árbol o una roca? El boomerang permanece ahí especialmente si se rompe. - Tú has respondido tu pregunta, dijo el hombre fornido con una sonrisa burlona. Si yo lanzara mi boomerang tan lejos como la isla mas lejana y fallara en volver, entonces tú sabrás que no he tenido éxito. No crees?, pregunto. - Si supongo que sí, pero que sacamos con hablar de esto, a menos que realmente lo hagas? - Muy bien, dijo el fornido hombre. Observa. Eligió un boomerang muy bien balanceado. Dándole vuelta alrededor de su cabeza varias veces, le soltó. El arma salió desde su mano tan rápido que sólo algunos pudieron ver como aceleraba a través del océano. Expectativamente los observadores esperaron, pero en la medida que pasaban la horas y no había señal de regreso, incluso el viejo no creyente estuvo obligado a reconocer que podría haber aterrizado en una isla distante. - Pero hay otra posibilidad!, dijo molesto por la forma que el hombre fornido se había inflado, ganando miradas de admiración de las mujeres. Puede que haya aterrizado en el mar. - No mi boomerang, gritó el hombre fornido. Podría acortar su camino de regreso a mi, a través del mar, si no hubiese alcanzado a llegar a la isla. Tú estas celoso de mi habilidad viejo. - Hay una sola manera que podamos saber con certeza, fue la respuesta. Alguien debe ir allá para ver que se puede encontrar. - Yo sé como lo podemos hacer! El viejo le miro desaprobándole. - Hemos escuchado mucho de ti hasta ahora, regañó. Sería mucho mejor si te comes la comida que te han dado como a los otros niños. He visto como escupes comida de tu boca, comida que es buena para ti tanto como para comerla. - Eso es porque nadie nunca me ha traído un Koala para comerlo. Eso es lo que mas me gusta. - Como puedes saber tú que es lo que más te gusta si nunca lo has probado? - Como puedes saber tu que hay una isla allá muy lejos sobre el mar si tu nunca la has visto?, preguntó el niño pícaramente. - Porque yo sé que esta ahí. Es parte de lo que los hombres que han vivido y muerto antes de que yo naciera, respondió el viejo. - Espero que a ellos les gustará la carne de Koala también, dijo el niño. El esposo de mi hermana atrapó uno esta mañana. Ahí esta detrás de ese árbol. El viejo cogió el animal y se lo tiró al joven, botándole. Tomando con el mismo arrebato el cuerpo del koala y corrió con el a la playa. Sacando el cuchillo del cinturón que llevaba, cortó el estomago y sacó los intestinos. Poniendo la punta en su boca sopló en ellos hasta que se hincharon en un largo tubo que alcanzaba el cielo. Y continuó soplando el tubo se dobló como un arco mágico y su final mas allá de la curva que da el océano. - Que estás haciendo ?, preguntó el viejo. Si tú quieres realmente probar la carne de koala, llévaselo a tu mamá y ella lo cocinara para ti.
- No!, exclamó el cuñado del niño. Mira lo que el ha hecho. El ha hecho un puente a la isla más allá del mar. Ahora podemos cruzarla y encontrar donde el boomerang ha aterrizado. Por seguro será un lugar mejor que el que estamos viviendo ahora. El puso sus pies en el puente de intestinos y comenzó a escalar el arco. Le siguió el niño luego el tío de su mamá, su papá y mamá, sus tías y hermanos y hermanas. Viendo que todos estaban subiendo al puente, el viejo les siguió también . La travesía duró muchos días, días sin comida y el quemante calor del sol, pero eventualmente llegaron al término de la escalada. Se deslizaron por el lado mas lejano del arco y se encontraron en la isla lejana. Era un buen lugar. El pasto era más verde que en su propia tierra, sombreado por eucaliptos, con frescas y claras aguas que ellos no habían visto o probado. Y sin saberlo porque esas tierras a las cuales habían ido era la costa este de Australia. Cuando toda le gente de la tribu estaba ahí, dejaron que el puente del arco se fuera. El sol brilló en él volviéndose en muchos resplandecientes colores que formaron el arco iris que ha sido siempre visto por el hombre. Y como ellos observaban los brillantes colores el arco iris lentamente desaparecía. El niño se volvió un Koala y su cuñado en un gato nativo. Aunque los otros hombres de la tribu permanecieron sin cambios, ellos se repartieron en un numero de grupos, cada uno con sus propios totems, y se marcharon a varias partes de la isla continente. Y así fue como otro viejo, muchas generaciones después que el primer aborigen tardó en venir desde otra isla y llegó a ser el progenitor de varias tribus que ocuparon el nuevo territorio.
Como una profunda depresión llena de agua, crecieron en vastos océanos, las áreas de terrenos disminuidas y divididas en muchas islas. Grupos de animales y hombres eran divididos el uno del otro por redondeados mares. En una isla muy distante del continente que ahora es llamada Australia, donde los hombres eran muy diestros lanzadores del boomerang ellos podían partir una pequeña piedra en cientos de pedazos o más, echar por tierra al pájaro mas veloz en vuelo, y enviar sus boomerang tan lejos que se perdían de vista antes de volver a quien lo había tirado. Ellos gustaban de realizar competencias de habilidad en mostrar cuan lejos o cuan exacto ellos podían maniobrar sus armas. Entre ellos había uno que se destacaba por su fuerza y por su alarde. A menudo se le escuchaba decir:
- Si yo deseara podría lanzar mi boomerang desde acá a la isla mas distante de todas las islas. - Y si tú pudieras hacer eso, como podrías saber si has tenido éxito?, preguntó uno de los hombres menos creyentes. - La respuesta es simple, respondió el hombre fornido. ¿Que sucede cuando se lanza el boomerang? Regresa a quien lo lanzó por supuesto. - Que sucede si el boomerang golpea un árbol o una roca? El boomerang permanece ahí especialmente si se rompe. - Tú has respondido tu pregunta, dijo el hombre fornido con una sonrisa burlona. Si yo lanzara mi boomerang tan lejos como la isla mas lejana y fallara en volver, entonces tú sabrás que no he tenido éxito. No crees?, pregunto. - Si supongo que sí, pero que sacamos con hablar de esto, a menos que realmente lo hagas? - Muy bien, dijo el fornido hombre. Observa. Eligió un boomerang muy bien balanceado. Dándole vuelta alrededor de su cabeza varias veces, le soltó. El arma salió desde su mano tan rápido que sólo algunos pudieron ver como aceleraba a través del océano. Expectativamente los observadores esperaron, pero en la medida que pasaban la horas y no había señal de regreso, incluso el viejo no creyente estuvo obligado a reconocer que podría haber aterrizado en una isla distante. - Pero hay otra posibilidad!, dijo molesto por la forma que el hombre fornido se había inflado, ganando miradas de admiración de las mujeres. Puede que haya aterrizado en el mar. - No mi boomerang, gritó el hombre fornido. Podría acortar su camino de regreso a mi, a través del mar, si no hubiese alcanzado a llegar a la isla. Tú estas celoso de mi habilidad viejo. - Hay una sola manera que podamos saber con certeza, fue la respuesta. Alguien debe ir allá para ver que se puede encontrar. - Yo sé como lo podemos hacer! El viejo le miro desaprobándole. - Hemos escuchado mucho de ti hasta ahora, regañó. Sería mucho mejor si te comes la comida que te han dado como a los otros niños. He visto como escupes comida de tu boca, comida que es buena para ti tanto como para comerla. - Eso es porque nadie nunca me ha traído un Koala para comerlo. Eso es lo que mas me gusta. - Como puedes saber tú que es lo que más te gusta si nunca lo has probado? - Como puedes saber tu que hay una isla allá muy lejos sobre el mar si tu nunca la has visto?, preguntó el niño pícaramente. - Porque yo sé que esta ahí. Es parte de lo que los hombres que han vivido y muerto antes de que yo naciera, respondió el viejo. - Espero que a ellos les gustará la carne de Koala también, dijo el niño. El esposo de mi hermana atrapó uno esta mañana. Ahí esta detrás de ese árbol. El viejo cogió el animal y se lo tiró al joven, botándole. Tomando con el mismo arrebato el cuerpo del koala y corrió con el a la playa. Sacando el cuchillo del cinturón que llevaba, cortó el estomago y sacó los intestinos. Poniendo la punta en su boca sopló en ellos hasta que se hincharon en un largo tubo que alcanzaba el cielo. Y continuó soplando el tubo se dobló como un arco mágico y su final mas allá de la curva que da el océano. - Que estás haciendo ?, preguntó el viejo. Si tú quieres realmente probar la carne de koala, llévaselo a tu mamá y ella lo cocinara para ti.
- No!, exclamó el cuñado del niño. Mira lo que el ha hecho. El ha hecho un puente a la isla más allá del mar. Ahora podemos cruzarla y encontrar donde el boomerang ha aterrizado. Por seguro será un lugar mejor que el que estamos viviendo ahora. El puso sus pies en el puente de intestinos y comenzó a escalar el arco. Le siguió el niño luego el tío de su mamá, su papá y mamá, sus tías y hermanos y hermanas. Viendo que todos estaban subiendo al puente, el viejo les siguió también . La travesía duró muchos días, días sin comida y el quemante calor del sol, pero eventualmente llegaron al término de la escalada. Se deslizaron por el lado mas lejano del arco y se encontraron en la isla lejana. Era un buen lugar. El pasto era más verde que en su propia tierra, sombreado por eucaliptos, con frescas y claras aguas que ellos no habían visto o probado. Y sin saberlo porque esas tierras a las cuales habían ido era la costa este de Australia. Cuando toda le gente de la tribu estaba ahí, dejaron que el puente del arco se fuera. El sol brilló en él volviéndose en muchos resplandecientes colores que formaron el arco iris que ha sido siempre visto por el hombre. Y como ellos observaban los brillantes colores el arco iris lentamente desaparecía. El niño se volvió un Koala y su cuñado en un gato nativo. Aunque los otros hombres de la tribu permanecieron sin cambios, ellos se repartieron en un numero de grupos, cada uno con sus propios totems, y se marcharon a varias partes de la isla continente. Y así fue como otro viejo, muchas generaciones después que el primer aborigen tardó en venir desde otra isla y llegó a ser el progenitor de varias tribus que ocuparon el nuevo territorio.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Porque el Kanguroo tiene bolsa Marsupial "cuento Australiano"
Mucho tiempo atrás en su época de sueños en Australia, los kanguroos no tenían bolsa marsupial. La señora kanguroo era muy infeliz. Su pequeño bebé era tal preocupación. Cada vez que se bajaba, desaparecía saltando hasta perderse.
La señora kanguroo ha estado cuidando de su bebé toda la mañana. Y ahora tenía hambre. Mirando alrededor vio una inmensa piedra. Ella dejaría a su bebé cerca de ella , entonces sabría donde encontrarle, pues ella desea probar los dulces pastos que crecen alrededor.
Y mientras descansaba en sus manos y empezaba a comer, escuchó un gruñido y una voz que decía:
-Oh querida, oh querida! Viejo y bueno para nada eso es lo que soy. A nadie le sirvo.
Mirando hacia arriba , señora kanguroo vio a un viejo wombat moviéndose lentamente.
-¿Que pasa Wombat? , preguntó ella. -Oh querida, oh querida...solo estoy murmurando acerca de este mundo, sin tener a nadie que se preocupe si vivo o si muero! Pero quien esta hablando? Es la señora kanguroo, no puedes tu verme? Mi querida, no he puesto mis ojos en nadie este año pasado. Estoy ciego y sin nadie que me pueda mostrar donde los dulces pastos están. -Yo te mostraré el camino de como llegar a las pastos, dijo la señora kanguroo saltando hacia él, dándose la vuelta.
-Toma y alcanza mi cola. Entonces iré despacio, ahora tomate tu tiempo.
La señora kanguroo se detuvo pasivamente como un lagarto tomando un baño de sol, y el wombat se cogió de su col. Entonces la señora kanguroo se movió lentamente hacia adelante. Cada vez que el wombat se perdía, la señora Kanguroo cuidadosamente ponía la cola a su alcance y le decía: - Ahí! Ahí Wombat! No te preocupes tú estarás bien. Finalmente llegaron donde están los dulces pastos. El wombat comió y comió, mientras la señora kanguroo fue de regreso a buscar a su bebé. Por supuesto que el bebé se alejó brincando desde la piedra. Paso mucho tiempo hasta que
la señora kanguroo lo encontrara. Ella volvió al lugar donde dejo al Wombat. Pero el viejo Wombat se había ido a dormir. De repente la señora kanguroo presintió peligro. Se sentó, agudizó sus orejas, sus ojos brillaron, y olfateó el aire. Si, había peligro. Tomando a su bebé , corrió a unos matorrales. Desde su escondite La Señora Kanguroo vió a un cazador negro aparecer en la claridad.
Este estaba arreglando su lanza, y vio que iba a matar al wombat. Como un rayo la señora kanguroo bajó a su bebé . y corrió hacia el wombat. El hombre negro le dio una mirada, y se fue.
Allá muy lejos en su hogar el gran Espíritu Dorado estaba pensando. El se había cambiado a si mismo al viejo wombat para descubrir quien era el animal más generoso. La señora kanguroo fue la única que sintió piedad de él. Que podría darle él a ella?
Sus ojos cayeron en una bolsa dorada la cual había sido hecha por los espíritus de los pastos. Justo lo que necesitaba! El le daría aquello a la señora Kanguroo. Y ella podrá llevar a su bebé . Llamando a uno de sus niños le dijo que llevara la bolsa dorada a la señora kanguroo.
-Dile a ella que se amarre la bolsa alrededor de su cintura y haré que crezca en ella.
Así el niño espíritu se lo llevó a la señora kanguroo. Y tan pronto lo amarrara a su cintura paso a ser parte de su cuerpo, que fue una amorosa y peluda cuna para su bebé. La señora Kanguroo ahora tiene que enseñarle a su bebé a permanecer en la bolsa. Esto tomó largo tiempo. Ella le enseñó practicando un juego de esconderse en la bolsa, lo que fue muy entretenido. El pequeño podía salirse, dar una larga carrera y saltar primero la cabeza en la bolsa. Entonces el podría darse vuelta hacia arriba, brillando sus ojos de contento. Su mamá descubrió que podía hacer la bolsa mas grande o mas pequeña. Cuando sus enemigos la persiguen, ella puede saltar junto a su bebé hasta llegar a protejerse en los matorrales. Entonces con sus cortos brazos, sacar al pequeño afuera. El enemigo podría seguirle a ella y el bebé estaría a salvo.
Después que la señora kanguroo tuvo su bolsa todos sus primos, los wallabies, el wallaroos, y el pequeño kanguroo ratón, querían la bolsa también. Así que ella mandó un mensaje al Espíritu Dorado , preguntándole si él tenía bolsas para ellos. El Espíritu Dorado envió su palabra de que pediría a los espíritus de los pastos, que hicieran uno para cada valiente y generosa madre de la familia de los Kanguroos.
La señora kanguroo ha estado cuidando de su bebé toda la mañana. Y ahora tenía hambre. Mirando alrededor vio una inmensa piedra. Ella dejaría a su bebé cerca de ella , entonces sabría donde encontrarle, pues ella desea probar los dulces pastos que crecen alrededor.
Y mientras descansaba en sus manos y empezaba a comer, escuchó un gruñido y una voz que decía:
-Oh querida, oh querida! Viejo y bueno para nada eso es lo que soy. A nadie le sirvo.
Mirando hacia arriba , señora kanguroo vio a un viejo wombat moviéndose lentamente.
-¿Que pasa Wombat? , preguntó ella. -Oh querida, oh querida...solo estoy murmurando acerca de este mundo, sin tener a nadie que se preocupe si vivo o si muero! Pero quien esta hablando? Es la señora kanguroo, no puedes tu verme? Mi querida, no he puesto mis ojos en nadie este año pasado. Estoy ciego y sin nadie que me pueda mostrar donde los dulces pastos están. -Yo te mostraré el camino de como llegar a las pastos, dijo la señora kanguroo saltando hacia él, dándose la vuelta.
-Toma y alcanza mi cola. Entonces iré despacio, ahora tomate tu tiempo.
La señora kanguroo se detuvo pasivamente como un lagarto tomando un baño de sol, y el wombat se cogió de su col. Entonces la señora kanguroo se movió lentamente hacia adelante. Cada vez que el wombat se perdía, la señora Kanguroo cuidadosamente ponía la cola a su alcance y le decía: - Ahí! Ahí Wombat! No te preocupes tú estarás bien. Finalmente llegaron donde están los dulces pastos. El wombat comió y comió, mientras la señora kanguroo fue de regreso a buscar a su bebé. Por supuesto que el bebé se alejó brincando desde la piedra. Paso mucho tiempo hasta que
la señora kanguroo lo encontrara. Ella volvió al lugar donde dejo al Wombat. Pero el viejo Wombat se había ido a dormir. De repente la señora kanguroo presintió peligro. Se sentó, agudizó sus orejas, sus ojos brillaron, y olfateó el aire. Si, había peligro. Tomando a su bebé , corrió a unos matorrales. Desde su escondite La Señora Kanguroo vió a un cazador negro aparecer en la claridad.
Este estaba arreglando su lanza, y vio que iba a matar al wombat. Como un rayo la señora kanguroo bajó a su bebé . y corrió hacia el wombat. El hombre negro le dio una mirada, y se fue.
Allá muy lejos en su hogar el gran Espíritu Dorado estaba pensando. El se había cambiado a si mismo al viejo wombat para descubrir quien era el animal más generoso. La señora kanguroo fue la única que sintió piedad de él. Que podría darle él a ella?
Sus ojos cayeron en una bolsa dorada la cual había sido hecha por los espíritus de los pastos. Justo lo que necesitaba! El le daría aquello a la señora Kanguroo. Y ella podrá llevar a su bebé . Llamando a uno de sus niños le dijo que llevara la bolsa dorada a la señora kanguroo.
-Dile a ella que se amarre la bolsa alrededor de su cintura y haré que crezca en ella.
Así el niño espíritu se lo llevó a la señora kanguroo. Y tan pronto lo amarrara a su cintura paso a ser parte de su cuerpo, que fue una amorosa y peluda cuna para su bebé. La señora Kanguroo ahora tiene que enseñarle a su bebé a permanecer en la bolsa. Esto tomó largo tiempo. Ella le enseñó practicando un juego de esconderse en la bolsa, lo que fue muy entretenido. El pequeño podía salirse, dar una larga carrera y saltar primero la cabeza en la bolsa. Entonces el podría darse vuelta hacia arriba, brillando sus ojos de contento. Su mamá descubrió que podía hacer la bolsa mas grande o mas pequeña. Cuando sus enemigos la persiguen, ella puede saltar junto a su bebé hasta llegar a protejerse en los matorrales. Entonces con sus cortos brazos, sacar al pequeño afuera. El enemigo podría seguirle a ella y el bebé estaría a salvo.
Después que la señora kanguroo tuvo su bolsa todos sus primos, los wallabies, el wallaroos, y el pequeño kanguroo ratón, querían la bolsa también. Así que ella mandó un mensaje al Espíritu Dorado , preguntándole si él tenía bolsas para ellos. El Espíritu Dorado envió su palabra de que pediría a los espíritus de los pastos, que hicieran uno para cada valiente y generosa madre de la familia de los Kanguroos.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Hotu Matu’a "Leyenda Maori"
Una de las versiones más interesantes de las leyendas de origen, se encuentra en un manuscrito rapanui de comienzos del presente siglo, que reproduce con la grafía occidental las tradiciones de Pua Ara Hoa.
En él se describe con gran detalle la historia de Hotu Matua y las circunstancias que motivaron la partida desde su tierra ancestral: Hiva.
Los antiguos sabios (maori) pronosticaron que vendría un tiempo en que se hundiría la tierra, la subida de las aguas destruiría muchas vidas por lo que en las generaciones siguientes se construyen canoas para escapar de la isla.
En tiempos del Ariki Matua, se produce el conocido episodio del sueño o viaje del espíritu de Haumaka, que se desplaza hacia el Este en busca de una nueva tierra. Al llegar a la octava tierra, desciende en los islotes del vértice suoroeste de la isla, que identifica como los tres hijos del Ariki Taanga (padre de Matu’a) convertidos en piedra (Motu Kao Kao, Motu Iti y Motu Nui). El espíritu recorre la isla por la costa sur, hasta llegar a la bahía que hoy conocemos como Anakena. Antes de regresar llama a la isla "Te Pito O Te Kainga".
El espíritu vuelve a Hiva y se introduce en el cuerpo dormido de Haumaka, quien se dirige al Rey Hotu Matua. El Rey le ordena instruir a jóvenes en la construcción de una gran embarcación, reunir víveres y toda la carga necesaria para emprender el viaj e hacia la nueva tierra.
Se envían siete exploradores que constatan lo visto por el espíritu de Haumaka y recorren toda la isla antes de regresar a Hiva.
Hotu Matua realizó el viaje hacia la nueva tierra en dos embarcaciones, una de él y otra de su hermana Avareipua, ambas llenas de colonos y víveres para abastecerse y para el cultivo. Desembarcaron en la playa de Anakena, lugar que quedaría establecido como la residencia de los reyes. Al momento de desembarcar, la esposa del Rey, Vakai, dio a luz un niño llamado Tuu Maheke, el primer heredero del linaje real.
Hotu Matu’a dividió los territorios de la isla entre sus hijos, que fueron así los ancestros de las distintas tribus : Miru, Koro Orongo, Ngaure, Raa, Hamea, Ko Tuu, Hotu Iti, etc.
Hotu Matu’a vivió sus último días en el sector Rano Kau. Cuando se sintió cerca de su muerte, reunió a los principales jefes y designó a su hijo mayor como sucesor, pidió ser llevado al borde del volcán para mirar por última vez hacia su tierra natal al noroeste. Desde allí llamó a cuatro espíritus para que enviaran la señal de su partida a través del canto de los gallos. Entonces, sus hijos lo llevaron a su casa, donde falleció, Su cuerpo fue enterrado en Akahanga.
Hasta aquí la leyenda no permite conocer con certeza la veracidad histórica ni la época en que habrían ocurrido estos hechos.
Organización social
A partir de la leyenda del Rey Hotu Matua se define un orden social encabezado por la familia real (Ariki Paka), la aristocracia religiosa que incluía a sabios (maori) y sacerdotes (ivi atua), jefes militares (matatoa), profesores que enseñaban el arte de leer (maori rongo rongo) y la gente común (huru manu) que constituía la base de la pirámide social.
La posición de la aristocracia se sustentaba en su origen divino, como descendiente de los dioses creadores. En la línea de los Ariki de Rapa Nui, el hijo primogénito estaba destinado a recibir el poder como líder religioso de la isla. Los hombres importantes como el Ariki estaban investidos de un poder de origen sobrenatural el mana, y protegidos por las normas tapu, lo prohibido.
La unidad social mayor era el "Mata" o clan, cuyos orígenes se remontaban al propio Hotu Matu’a. Los territorios se marcaban definiendo líneas rectas a partir de la costa hasta el centro de la isla. Hasta hoy se conservan hitos demarcatorios, montículos de piedras llamados Pipi Horeko.
En él se describe con gran detalle la historia de Hotu Matua y las circunstancias que motivaron la partida desde su tierra ancestral: Hiva.
Los antiguos sabios (maori) pronosticaron que vendría un tiempo en que se hundiría la tierra, la subida de las aguas destruiría muchas vidas por lo que en las generaciones siguientes se construyen canoas para escapar de la isla.
En tiempos del Ariki Matua, se produce el conocido episodio del sueño o viaje del espíritu de Haumaka, que se desplaza hacia el Este en busca de una nueva tierra. Al llegar a la octava tierra, desciende en los islotes del vértice suoroeste de la isla, que identifica como los tres hijos del Ariki Taanga (padre de Matu’a) convertidos en piedra (Motu Kao Kao, Motu Iti y Motu Nui). El espíritu recorre la isla por la costa sur, hasta llegar a la bahía que hoy conocemos como Anakena. Antes de regresar llama a la isla "Te Pito O Te Kainga".
El espíritu vuelve a Hiva y se introduce en el cuerpo dormido de Haumaka, quien se dirige al Rey Hotu Matua. El Rey le ordena instruir a jóvenes en la construcción de una gran embarcación, reunir víveres y toda la carga necesaria para emprender el viaj e hacia la nueva tierra.
Se envían siete exploradores que constatan lo visto por el espíritu de Haumaka y recorren toda la isla antes de regresar a Hiva.
Hotu Matua realizó el viaje hacia la nueva tierra en dos embarcaciones, una de él y otra de su hermana Avareipua, ambas llenas de colonos y víveres para abastecerse y para el cultivo. Desembarcaron en la playa de Anakena, lugar que quedaría establecido como la residencia de los reyes. Al momento de desembarcar, la esposa del Rey, Vakai, dio a luz un niño llamado Tuu Maheke, el primer heredero del linaje real.
Hotu Matu’a dividió los territorios de la isla entre sus hijos, que fueron así los ancestros de las distintas tribus : Miru, Koro Orongo, Ngaure, Raa, Hamea, Ko Tuu, Hotu Iti, etc.
Hotu Matu’a vivió sus último días en el sector Rano Kau. Cuando se sintió cerca de su muerte, reunió a los principales jefes y designó a su hijo mayor como sucesor, pidió ser llevado al borde del volcán para mirar por última vez hacia su tierra natal al noroeste. Desde allí llamó a cuatro espíritus para que enviaran la señal de su partida a través del canto de los gallos. Entonces, sus hijos lo llevaron a su casa, donde falleció, Su cuerpo fue enterrado en Akahanga.
Hasta aquí la leyenda no permite conocer con certeza la veracidad histórica ni la época en que habrían ocurrido estos hechos.
Organización social
A partir de la leyenda del Rey Hotu Matua se define un orden social encabezado por la familia real (Ariki Paka), la aristocracia religiosa que incluía a sabios (maori) y sacerdotes (ivi atua), jefes militares (matatoa), profesores que enseñaban el arte de leer (maori rongo rongo) y la gente común (huru manu) que constituía la base de la pirámide social.
La posición de la aristocracia se sustentaba en su origen divino, como descendiente de los dioses creadores. En la línea de los Ariki de Rapa Nui, el hijo primogénito estaba destinado a recibir el poder como líder religioso de la isla. Los hombres importantes como el Ariki estaban investidos de un poder de origen sobrenatural el mana, y protegidos por las normas tapu, lo prohibido.
La unidad social mayor era el "Mata" o clan, cuyos orígenes se remontaban al propio Hotu Matu’a. Los territorios se marcaban definiendo líneas rectas a partir de la costa hasta el centro de la isla. Hasta hoy se conservan hitos demarcatorios, montículos de piedras llamados Pipi Horeko.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Hinemoa y Tutanekai "maori"
La historia de Hinemoa y Tutanekai tuvo lugar hace 300 años. Tutanekai era un joven de una tribu de la isla sagrada de Mokoia, Hinemoa era hija de un importante jefe de una tribu que vivía en lo que hoy es Rotorua, a la orilla del Lago Rotorua. El padre de Hinemoa, prohibía la relación de su hija con Tutanekai, por tener éste un estatus social dentro de su tribu demasiado bajo. Ambas tribus, como en toda buena historia de amor que se precie, estaban enfrentadas.
Frente a los impedimentos, Tutanekai se sentaba en la orilla de su isla a tocar su koauau (flauta), mientras pensaba en Hinemoa, quien por su parte escuchaba las melodías llegar desde Iri Iri Kapua, su roca a la orilla del lago en tierra firme. El tiempo pasaba y la tribu de Hinemoa se esforzaba en impedir que su relación, retirando de la orilla todas las wakas (canoas maoríes) para que no pudiesen verse nunca más.
Una oscura noche, las melodías tocadas por Tutanekai con su koauau fueron demasiado para la joven Hinemoa, que corrió desesperada hacia la orilla con calabazas vacías atadas a su cuerpo para que la ayudasen a flotar durante los más de 4km de distancia que la separaban de la isla de Mokoia. Varias horas más tarde, muerta de frío y con todo su cuerpo entumecido, llegó a la orilla de Mokoia, donde se metió a descansar en Waikimihia, una pequeña piscina natural de agua caliente a la orilla de la isla, confiando en que Tutanekai la encontrara. Así fue, y una vez juntos, nunca más se volvieron a separar, consiguiendo la paz entre ambas tribus.
Sobre el año 1900, cuando el turismo empezó a pegar fuerte en Rotorua, algunos de los descendientes de Tutanekai e Hinemoa, fueron los primeros guías turísticos maorís de Rotorua, una “tradición” que continuan hoy en día. Además, esta historia sirve de inspiración para la famosa canción de Pokarekare Ana, la cual voy a intentar traducir (una vez traducida al inglés) más o menos.
Frente a los impedimentos, Tutanekai se sentaba en la orilla de su isla a tocar su koauau (flauta), mientras pensaba en Hinemoa, quien por su parte escuchaba las melodías llegar desde Iri Iri Kapua, su roca a la orilla del lago en tierra firme. El tiempo pasaba y la tribu de Hinemoa se esforzaba en impedir que su relación, retirando de la orilla todas las wakas (canoas maoríes) para que no pudiesen verse nunca más.
Una oscura noche, las melodías tocadas por Tutanekai con su koauau fueron demasiado para la joven Hinemoa, que corrió desesperada hacia la orilla con calabazas vacías atadas a su cuerpo para que la ayudasen a flotar durante los más de 4km de distancia que la separaban de la isla de Mokoia. Varias horas más tarde, muerta de frío y con todo su cuerpo entumecido, llegó a la orilla de Mokoia, donde se metió a descansar en Waikimihia, una pequeña piscina natural de agua caliente a la orilla de la isla, confiando en que Tutanekai la encontrara. Así fue, y una vez juntos, nunca más se volvieron a separar, consiguiendo la paz entre ambas tribus.
Sobre el año 1900, cuando el turismo empezó a pegar fuerte en Rotorua, algunos de los descendientes de Tutanekai e Hinemoa, fueron los primeros guías turísticos maorís de Rotorua, una “tradición” que continuan hoy en día. Además, esta historia sirve de inspiración para la famosa canción de Pokarekare Ana, la cual voy a intentar traducir (una vez traducida al inglés) más o menos.
Tormentosas son las aguas
del inquieto Waiapu
Si tú las cruzas, niña
se calmarán.
Oh niña
vuelve a mí
Yo podría morir
de amor por ti.
Te escribo mi carta
te envío mi anillo
para que tu gente pueda ver
lo perturbado que estoy.
Oh niña
vuelve a mí
Yo podría morir
de amor por ti
Mi pluma está destrozada,
no tengo más papel,
pero mi amor
es aún firme.
Oh niña
vuelve a mí.
Yo podría morir
de amor por ti.
Mi amor nunca,
será secado por el sol
Estará siempre humedecido
por mis lágrimas.
Oh niña
vuelve a mí.
Yo podría morir
de amor por ti.
del inquieto Waiapu
Si tú las cruzas, niña
se calmarán.
Oh niña
vuelve a mí
Yo podría morir
de amor por ti.
Te escribo mi carta
te envío mi anillo
para que tu gente pueda ver
lo perturbado que estoy.
Oh niña
vuelve a mí
Yo podría morir
de amor por ti
Mi pluma está destrozada,
no tengo más papel,
pero mi amor
es aún firme.
Oh niña
vuelve a mí.
Yo podría morir
de amor por ti.
Mi amor nunca,
será secado por el sol
Estará siempre humedecido
por mis lágrimas.
Oh niña
vuelve a mí.
Yo podría morir
de amor por ti.
jueves, 1 de diciembre de 2011
La Creación "mitologia Maori"
“En el principio estaba Te Kore, la Nada, y de Te Kore vino Te Poo, la Noche. En esa impenetrable oscuridad, Rangi, el Padre del Cielo, yacía en los brazos de Papa, la Madre Tierra”.
Los dioses de Aotearoa son hijos directos de Rangi (Cielo) y Papa (Madre Tierra), lo cual puede servir de ejemplo para demostrar cómo la cultura maorí está ante todo asentada en el respeto a la naturaleza, su entorno. Estos dioses “habitaban” el estrecho espacio que había entre los cuerpos de sus padres, pero todos ellos anhelaban libertad, vientos silbando en lo alto de afiladas colinas y a través de profundos valles, y luz, luz para dar calor a sus pálidos cuerpos.
Así que se preguntaron qué hacer, necesitaban su propio espacio, necesitaban luz. En estas se encontraban los a la postre dioses del pueblo maorí, cuando uno de ellos, Taane-mahuta, padre de los bosques, de todas las cosas vivientes que aman la luz y la libertad, se puso en pie, y así permaneció durante mucho tiempo, más de lo que uno puede aguantar sin respirar. Aguantó de pie, silencioso e inmóvil, aunando toda su fuerza hasta que estuvo preparado. Entonces, apretó sus manos contra el cuerpo de su madre, reposando toda su fuerza en ellas, y con sus pies empujó hacia arriba tan fuerte como pudo el cuerpo de su padre; los cuerpos del cielo y la tierra se resistieron todo cuanto pudieron, sin intención de poner fin a su enlace, pero finalmente terminaron separándose forzosamente. “Fue el feroz empuje de Taane lo que separó el cielo de la tierra“, dice una antigüa creencia maorí; “Así que fueron separados, y la oscuridad se manifestó, como también lo hizo la luz“.
Mientras Rangi ascendía separándose cada vez más del cuerpo de su amada Papa, los vientos comenzaron a rugir furiosos y llenaron el espacio que se iba creando entre los dos amantes. Taane y sus hermanos permanecían expectantes ante todo lo que estaba pasando, contemplando por primera vez las curvas del cuerpo de su madre, la Tierra, y así fue como vieron aparecer desde los hombros de su madre, un plateado velo de niebla, su forma de expresar el lamento por su pareja recién perdida. A su vez, Rangi, desde las cada vez más lejanas alturas, empezó a llorar, y con rapidez sus lágrimas bañaron de lluvia el cuerpo de Papa, la Tierra, creando lagos y ríos que corrían entre las serpenteantes y onduladas curvas del cuerpo de Papa.
Taane, pese a haber sido el ejecutor de la forzosa separación de sus padres, los quería por igual, y necesitaba hacer algo por ellos para calmar la pena. Primero, quiso vestir el cuerpo de su madre con una belleza nunca antes soñada en el mundo de la oscuridad en el que habían permanecido hasta entonces. Hizo crecer a sus propios hijos, los árboles, y los liberó para que poblasen la tierra. Pero en esos primeros días, Taane, pese a ser un dios, era como un niño que adquiere inteligencia a través de las pruebas, los errores y los aciertos. Así que plantó los árboles al revés, dejando a sus inutilizadas raíces boca arriba, inmóviles y hambrientas, y sus copas enterradas bajo tierra, donde no había lugar para otros de sus hijos, como los pájaros e insectos. Ante esta visión, Taane desenterró uno de los gigantes kauris (árboles autóctonos y ligados fuertemente a la mitología) y sacudiéndole la tierra de su copa, volvió a enterrar sus raíces, y la brisa jugó con las hojas, cantando la canción del nuevo mundo que acababa de nacer.
De esta manera fue como la Tierra se cubrió de un precioso manto verde de vegetación, los pájaros cantando y volando entre los bosques, el mar bañando sus orillas, y los dioses trabajando cada uno en su tarea, bajo las sombras de los jardines sagrados de Taane. Solo uno de entre los setenta dioses abandonó el lecho de su madre para seguir el cami no de su padre; era Taawhiri-maatea, el dios de todos los vientos que azotan el espacio entre cielo y tierra.
Una vez que Taane había terminado de vestir a su madre, elevó los ojos hacia su padre, frío y gris, abandonado solo en el vasto espacio en el que reposaba, y sintió pena por su desolación. Cogió el brillante Sol y lo colocó en la espalda de Rangi, su padre, con la luna en frente suyo. Viajó por los diez cielos (aquí el mito se refiere a la palabra en inglés heaven, no sky, así que sería más como un paraíso que como un cielo, problemas de los idiomas) hasta que encontró unas ropas rojas brillantes con las que vestiría a su padre. Pero antes descansó, por siete días, y volvió al encuentro de su padre, para extender las prendas de este a oeste y de norte a sur a lo largo y ancho de todo el cielo. Una vez hecho, se dio cuenta de que no era suficiente para su padre y se lo arrancó del tirón, aunque una pequeña pieza permaneció sin que Taane se percatara, y esta prenda que cubre el cielo de colores rojizos aún puede ser vista hoy en día, cuando el sol aparece y desaparece por el horizonte.
Triste, Taane gritó para decirle a su padre que viajaría hasta los límites del espacio en busca de un regalo merecedor de su valor, y de alguna manera, en el silencio escuchó una respuesta. Así, viajó y atravesó el fin del mundo, y en la oscuridad alcanzó por fin la Gran Montaña de Maunganui, donde las Más Brillantes vivían. Ellas eran las hijas de Uru, hermano de Taane, y juntos las contemplaron jugar al pie la montaña.
Taane le pidió a su hermano que le diese algunas de esas preciosas luces brillantes para adornar el vacío manto del cielo. A la llamada de Uru, todas las estrellas se acercaron a los dos dioses, Taane las recogió todas con sus brazos y las metió en una cesta. Meticulosamente, Taane colocó cinco estrellas creando la forma de una cruz (la Southern Cross, constelación emblema que señala al sur, la equivalente a la Estrella Polar del hemisferio norte, y que aparece en las banderas de Australia y Nueva Zelanda) en el pecho de Rangi, su padre, y roció el oscuro cielo con las Hijas de la Luz, dándole por fin la ornamentación que según él, se merecía. La cesta con todas las estrellas aún cuelga del cielo, y es llamada por muchos la Vía Láctea, donde permanecen recogidas, a excepción de unas pocas veces en las que la cesta se tambalea, y las hijas de Uru caen, cruzando el cielo y bañando la tierra con su luz, por un instante. El resto del tiempo, permanecen inmóviles en la cesta, como luciérnagas adornando el oscuro cielo nocturno.
Los dioses de Aotearoa son hijos directos de Rangi (Cielo) y Papa (Madre Tierra), lo cual puede servir de ejemplo para demostrar cómo la cultura maorí está ante todo asentada en el respeto a la naturaleza, su entorno. Estos dioses “habitaban” el estrecho espacio que había entre los cuerpos de sus padres, pero todos ellos anhelaban libertad, vientos silbando en lo alto de afiladas colinas y a través de profundos valles, y luz, luz para dar calor a sus pálidos cuerpos.
Así que se preguntaron qué hacer, necesitaban su propio espacio, necesitaban luz. En estas se encontraban los a la postre dioses del pueblo maorí, cuando uno de ellos, Taane-mahuta, padre de los bosques, de todas las cosas vivientes que aman la luz y la libertad, se puso en pie, y así permaneció durante mucho tiempo, más de lo que uno puede aguantar sin respirar. Aguantó de pie, silencioso e inmóvil, aunando toda su fuerza hasta que estuvo preparado. Entonces, apretó sus manos contra el cuerpo de su madre, reposando toda su fuerza en ellas, y con sus pies empujó hacia arriba tan fuerte como pudo el cuerpo de su padre; los cuerpos del cielo y la tierra se resistieron todo cuanto pudieron, sin intención de poner fin a su enlace, pero finalmente terminaron separándose forzosamente. “Fue el feroz empuje de Taane lo que separó el cielo de la tierra“, dice una antigüa creencia maorí; “Así que fueron separados, y la oscuridad se manifestó, como también lo hizo la luz“.
Mientras Rangi ascendía separándose cada vez más del cuerpo de su amada Papa, los vientos comenzaron a rugir furiosos y llenaron el espacio que se iba creando entre los dos amantes. Taane y sus hermanos permanecían expectantes ante todo lo que estaba pasando, contemplando por primera vez las curvas del cuerpo de su madre, la Tierra, y así fue como vieron aparecer desde los hombros de su madre, un plateado velo de niebla, su forma de expresar el lamento por su pareja recién perdida. A su vez, Rangi, desde las cada vez más lejanas alturas, empezó a llorar, y con rapidez sus lágrimas bañaron de lluvia el cuerpo de Papa, la Tierra, creando lagos y ríos que corrían entre las serpenteantes y onduladas curvas del cuerpo de Papa.
Taane, pese a haber sido el ejecutor de la forzosa separación de sus padres, los quería por igual, y necesitaba hacer algo por ellos para calmar la pena. Primero, quiso vestir el cuerpo de su madre con una belleza nunca antes soñada en el mundo de la oscuridad en el que habían permanecido hasta entonces. Hizo crecer a sus propios hijos, los árboles, y los liberó para que poblasen la tierra. Pero en esos primeros días, Taane, pese a ser un dios, era como un niño que adquiere inteligencia a través de las pruebas, los errores y los aciertos. Así que plantó los árboles al revés, dejando a sus inutilizadas raíces boca arriba, inmóviles y hambrientas, y sus copas enterradas bajo tierra, donde no había lugar para otros de sus hijos, como los pájaros e insectos. Ante esta visión, Taane desenterró uno de los gigantes kauris (árboles autóctonos y ligados fuertemente a la mitología) y sacudiéndole la tierra de su copa, volvió a enterrar sus raíces, y la brisa jugó con las hojas, cantando la canción del nuevo mundo que acababa de nacer.
De esta manera fue como la Tierra se cubrió de un precioso manto verde de vegetación, los pájaros cantando y volando entre los bosques, el mar bañando sus orillas, y los dioses trabajando cada uno en su tarea, bajo las sombras de los jardines sagrados de Taane. Solo uno de entre los setenta dioses abandonó el lecho de su madre para seguir el cami no de su padre; era Taawhiri-maatea, el dios de todos los vientos que azotan el espacio entre cielo y tierra.
Una vez que Taane había terminado de vestir a su madre, elevó los ojos hacia su padre, frío y gris, abandonado solo en el vasto espacio en el que reposaba, y sintió pena por su desolación. Cogió el brillante Sol y lo colocó en la espalda de Rangi, su padre, con la luna en frente suyo. Viajó por los diez cielos (aquí el mito se refiere a la palabra en inglés heaven, no sky, así que sería más como un paraíso que como un cielo, problemas de los idiomas) hasta que encontró unas ropas rojas brillantes con las que vestiría a su padre. Pero antes descansó, por siete días, y volvió al encuentro de su padre, para extender las prendas de este a oeste y de norte a sur a lo largo y ancho de todo el cielo. Una vez hecho, se dio cuenta de que no era suficiente para su padre y se lo arrancó del tirón, aunque una pequeña pieza permaneció sin que Taane se percatara, y esta prenda que cubre el cielo de colores rojizos aún puede ser vista hoy en día, cuando el sol aparece y desaparece por el horizonte.
Triste, Taane gritó para decirle a su padre que viajaría hasta los límites del espacio en busca de un regalo merecedor de su valor, y de alguna manera, en el silencio escuchó una respuesta. Así, viajó y atravesó el fin del mundo, y en la oscuridad alcanzó por fin la Gran Montaña de Maunganui, donde las Más Brillantes vivían. Ellas eran las hijas de Uru, hermano de Taane, y juntos las contemplaron jugar al pie la montaña.
Taane le pidió a su hermano que le diese algunas de esas preciosas luces brillantes para adornar el vacío manto del cielo. A la llamada de Uru, todas las estrellas se acercaron a los dos dioses, Taane las recogió todas con sus brazos y las metió en una cesta. Meticulosamente, Taane colocó cinco estrellas creando la forma de una cruz (la Southern Cross, constelación emblema que señala al sur, la equivalente a la Estrella Polar del hemisferio norte, y que aparece en las banderas de Australia y Nueva Zelanda) en el pecho de Rangi, su padre, y roció el oscuro cielo con las Hijas de la Luz, dándole por fin la ornamentación que según él, se merecía. La cesta con todas las estrellas aún cuelga del cielo, y es llamada por muchos la Vía Láctea, donde permanecen recogidas, a excepción de unas pocas veces en las que la cesta se tambalea, y las hijas de Uru caen, cruzando el cielo y bañando la tierra con su luz, por un instante. El resto del tiempo, permanecen inmóviles en la cesta, como luciérnagas adornando el oscuro cielo nocturno.
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