La granja de Paul Bunyan estaba en
Honey Creck y la dirigía John Shears, el mejor granjero
de la comarca. Paul Bunyan no se ocupaba de su granja; se
dedicaba a la industria de la madera y los mejores de sus
hombres eran madereros a sus órdenes. Ninguno de ellos
podía soportar a John Shears con sus continuos sermones
y reprimendas; por eso Paul Bunyan le empleó en su
granja, al mando de hombres dóciles y manejables.
John Shears, a su vez, sentía antipatía por los madereros; pensaba que si no fuese por la industria de la madera, podría extender la granja, talando bosques, y llegar a ser el amo y señor de todo. El mismo Paul Bunyan, sin su madera, quedaría relegado a segundo lugar.
Esta idea ambiciosa fue la que le hizo tramar el complot contra Bebé, el gigantesco buey azul que transportaba los troncos y que era el mejor colaborador de Paul Bunyan en el trabajo del bosque. Bebé consumía las berrazas de la granja. Cuando John Shears ideó su plan, decidió, de acuerdo con sus granjeros, que las berrazas no se segasen, como otras veces, y las dejaron crecer de una manera peligrosa; cuando el buey azul las comiese, se envenenaría.
El único que no estaba enterado del complot en la granja era Thomas O'Meery, el sordísimo y humilde huérfano irlandés, que en otro tiempo había sido maderero; pero había engordado tanto, que se hizo inútil para el trabajo del bosque, y Paul Bunyan tuvo que enviarlo a la granja, donde John Shears le encargaba los peores trabajos, fregaba los platos y era el hazmerreír de los granjeros. Nadie lo tomaba en consideración, y por eso no sabía nada de la intriga que se tramaba contra los madereros. El mismo Paul Bunyan se presentó en la granja con el gran buey reclamando las berrazas, y John Shears dio orden de arrancarlas y prepararlas. Pero por la noche, cuando el gordo O'Meery, impresionado con la visita de Paul Bunyan, soñaba despierto con volver a ser maderero, oyó el plan que se preparaba contra Bebé. ¿Cómo podría evitarlo? No tenía tiempo de avisar, y entonces se le ocurrió una idea. En la colmena, Bum y Bill, las laboriosas abejas, zumbaban irritadísimas, porque las hierbas habían sido arrancadas para el buey azul antes de que ellas hubiesen llenado sus panales. O'Meery abrió la colmena y las abejas se escaparon, se lanzaron contra el buey y le picaron. Bebé empezó a bramar y a cocear. John Shears le oyó y salió corriendo a librarle de las abejas; pero pasó detrás de él en el momento en que el buey azul levantaba sus patas traseras y le dio una coz tan fuerte que el granjero salió por los aires lanzando hasta la misma cúspide de Rock Candy. Después Bebé echó a correr y se refugió en su establo, donde Bum y Bill no se atrevieron a seguirle, y así, no comió las berrazas.
Granjeros y madereros se despertaron con el alboroto y corrieron hacia el río que separaba a unos de otros, pero el gordo O'Meery cayó y rodó y, como siempre que rodaba, no se pudo parar hasta dar con su mole en el angosto puente donde iban a encontrarse granjeros y madereros. Entonces tuvo lugar la batalla del puente, que duró todo el día. Unos y otros trataron de acometerse; pero todos los golpes los recibió el pobre O'Meery, que interceptaba el puente con su inmensa mole.
Al final del día llegó Paul Bunyan y puso paz. Entonces O'Meery le contó todo lo sucedido, y como el jefe le ofreciese recompensa por haber salvado al buey, O'Meery pidió ser admitido como maderero. Siempre había sido un inconveniente estar tan gordo, pero O'Meery salió de entre el grupo de hombres y apareció delgado y esbelto; los golpes que había recibido durante el día le habían hecho adelgazar.
John Shears tardó tres días en volver de Rock Candy y se presentó humildemente al jefe, pidiendo el castigo merecido. Pero el magnánimo y generoso Paul Bunyan le hizo volver a la granja como antes. Y se llevó consigo a O'Meery, que desde entonces fue siempre un esbelto maderero.
John Shears, a su vez, sentía antipatía por los madereros; pensaba que si no fuese por la industria de la madera, podría extender la granja, talando bosques, y llegar a ser el amo y señor de todo. El mismo Paul Bunyan, sin su madera, quedaría relegado a segundo lugar.
Esta idea ambiciosa fue la que le hizo tramar el complot contra Bebé, el gigantesco buey azul que transportaba los troncos y que era el mejor colaborador de Paul Bunyan en el trabajo del bosque. Bebé consumía las berrazas de la granja. Cuando John Shears ideó su plan, decidió, de acuerdo con sus granjeros, que las berrazas no se segasen, como otras veces, y las dejaron crecer de una manera peligrosa; cuando el buey azul las comiese, se envenenaría.
El único que no estaba enterado del complot en la granja era Thomas O'Meery, el sordísimo y humilde huérfano irlandés, que en otro tiempo había sido maderero; pero había engordado tanto, que se hizo inútil para el trabajo del bosque, y Paul Bunyan tuvo que enviarlo a la granja, donde John Shears le encargaba los peores trabajos, fregaba los platos y era el hazmerreír de los granjeros. Nadie lo tomaba en consideración, y por eso no sabía nada de la intriga que se tramaba contra los madereros. El mismo Paul Bunyan se presentó en la granja con el gran buey reclamando las berrazas, y John Shears dio orden de arrancarlas y prepararlas. Pero por la noche, cuando el gordo O'Meery, impresionado con la visita de Paul Bunyan, soñaba despierto con volver a ser maderero, oyó el plan que se preparaba contra Bebé. ¿Cómo podría evitarlo? No tenía tiempo de avisar, y entonces se le ocurrió una idea. En la colmena, Bum y Bill, las laboriosas abejas, zumbaban irritadísimas, porque las hierbas habían sido arrancadas para el buey azul antes de que ellas hubiesen llenado sus panales. O'Meery abrió la colmena y las abejas se escaparon, se lanzaron contra el buey y le picaron. Bebé empezó a bramar y a cocear. John Shears le oyó y salió corriendo a librarle de las abejas; pero pasó detrás de él en el momento en que el buey azul levantaba sus patas traseras y le dio una coz tan fuerte que el granjero salió por los aires lanzando hasta la misma cúspide de Rock Candy. Después Bebé echó a correr y se refugió en su establo, donde Bum y Bill no se atrevieron a seguirle, y así, no comió las berrazas.
Granjeros y madereros se despertaron con el alboroto y corrieron hacia el río que separaba a unos de otros, pero el gordo O'Meery cayó y rodó y, como siempre que rodaba, no se pudo parar hasta dar con su mole en el angosto puente donde iban a encontrarse granjeros y madereros. Entonces tuvo lugar la batalla del puente, que duró todo el día. Unos y otros trataron de acometerse; pero todos los golpes los recibió el pobre O'Meery, que interceptaba el puente con su inmensa mole.
Al final del día llegó Paul Bunyan y puso paz. Entonces O'Meery le contó todo lo sucedido, y como el jefe le ofreciese recompensa por haber salvado al buey, O'Meery pidió ser admitido como maderero. Siempre había sido un inconveniente estar tan gordo, pero O'Meery salió de entre el grupo de hombres y apareció delgado y esbelto; los golpes que había recibido durante el día le habían hecho adelgazar.
John Shears tardó tres días en volver de Rock Candy y se presentó humildemente al jefe, pidiendo el castigo merecido. Pero el magnánimo y generoso Paul Bunyan le hizo volver a la granja como antes. Y se llevó consigo a O'Meery, que desde entonces fue siempre un esbelto maderero.
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