sábado, 3 de agosto de 2013

El Mono

Existió un mono que vivía con un hombre muy rico, todo lo que hacía él lo hacia también el mono. Un día, el mono agarró su escoba y comenzó a barrer, porque vio que su amo todos los días barría. Otro día vio que se estaba rasurando su amo y pensó:

-A mí también me podrían cortar el pelo como se lo cortan a mi amo, solamente que yo no tengo dinero.

Cuando amaneció comenzó a barrer. Mientras barría encontró un centavo y dijo:

-Con este dinero me podrán pelar, pero tendré que guardarlo hasta que me complete.

Otro día encontró cinco centavos más y dijo:

-Con esto se completa el valor de mi pelada, ya tengo medio real.

Otro día encontró otros cinco centavos y dijo:

-Me falta un centavo para completar el valor de mi pelada.

Guardó el centavo que encontró y al otro día encontró el centavo que le faltaba. Apenas terminó de barrer fue corriendo a ver al peluquero y le dijo:

-Señor peluquero, ¿podría cortarme los pelos de la cabeza?

-Está bien -dijo el peluquero- siéntate.

Entonces se sentó el mono y comenzaron a peinarle la cabeza, y el peluquero le dijo:

-Oye mono, ¡qué te voy a cortar! ¿No estás viendo que no tienes pelos en la cabeza?

-¡Caramba! Si no tengo nada en la cabeza para que me cortes, córtame los pelos de la cola entonces -dijo el mono.

Le agarraron la cola y se la peluquearon. Cuando terminaron de afeitarlo salió corriendo y se fue; hasta tenía parada la cola como una vela blanca. Entonces ya se había alejado, cuando regresó a pedir los pelos de su cola.

-No me llevé los pelos de mi cola -dijo el mono.

Estaba acostumbrado a ver que siempre así lo hacía su amo, por eso regresó a pedir los suyos. Apenas llegó se los pidió al peluquero:

-Vine a buscar los pelos de mi cabeza.

-Pero mono, porque no me dijiste que te los ibas a llevar ya los revolví con el resto de los demás pelos -le dijo.

-Dame los pelos de mi cabeza, si no, te quito tu navaja.

Cuando dijo eso, agarró la navaja del peluquero y se fue corriendo. Cuando llegó junto a un carnicero que estaba despellejando a un toro con un machete viejo, le dijo:

-Señor carnicero, ¿por qué despelleja al ganado con esa cosa vieja?, aquí tiene un cuchillo mejor, pélelo con ello.

-Se va a quebrar.

-Si se quiebra, qué importa, al fin y al cabo es mío -dijo el mono.

-Dámelo entonces.

-Regresaré a buscarlo cuando termine de trabajar.

Y se fue. Cuando llegó a la casa de su amo, no le preguntaron de dónde venía. Al anochecer regresó corriendo a buscar la navaja que le había dejado al matador. Al llegar le dijo:

-Vine a buscar lo que le dejé.

-Mono, ¡pues no te dije que se iba a quebrar!, pues se quebró, no puedo devolvértela.

-Si no me la da, me llevo a su hija.

Eso estaba diciendo cuando arrebató a la muchacha y se fue con ella. Cuando llegó al final del pueblo, le dijo a un hombre:

-Voy a encomendarte a esta muchacha.

-Cómo vas a creer, yo no la conozco. Y qué tal si se me escapa y regresa a su casa.

-Si se escapa, qué importa, total es mía. La vas a recibir, si o no.

-Está bien, si piensas que no se va a ir, déjala -dijo el hombre al mono.

La dejó y regresó a la casa de su amo. En la noche fue a buscar a la muchacha, cuando llegó le dijeron:

-No te lo dije, mono, se escapó la muchacha.

-Tienes que entregármela, si no me la entregas, me llevo tu guitarra.

Cuando dijo eso ya tenía agarrada la guitarra y salió corriendo con ella. Fue enfrente de una casa vieja; luego se subió y se sentó sobre una albarrada a punto de desplomarse y comenzó a tocar:

-Chíinki, chirinki, pan de manteca guita, guita, guitarrón -cantaba el mono.

Estaba cantando cuando pasó un hombre y le dijo:

-Oye mono, te va a llevar el diablo, vas a ver cómo se va a derrumbar la albarrada sobre ti.

-Qué me importa. Chíinki, chirinki, pan de manteca, guita, guita, guitarrón -seguía cantando.

Eso estaba haciendo cuando se desplomó la albarrada sobre él, pobre mono ahí se quedó aplastado debajo de las piedras.

Cuando pasé temprano, estaban desalojando las piedras de la albarrada que estaban sobre del mono para que lo pudieran sacar

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